La melena de Agassi era una peluca sujeta con veinte clips
Nike se los ofreció primero a McEnroe. Dijo que no. Agassi dijo que sí y le rompió el código a cien años de tenis.
El tenis se vistió de blanco durante un siglo por una razón que casi nadie dice en voz alta: el blanco disimulaba el sudor, y no sudar en público era el privilegio de quien no trabajaba con las manos. En 1988, en el US Open, esa regla se rompió con mezclilla. La prenda venía preparándose desde hacía dos años.
Venía de Las Vegas y de la academia de Nick Bollettieri, descrita como un reformatorio de tenis. El deporte de los clubes privados recibía a alguien que no salía de ahí.
Después no volvió durante tres años. No era una pelea con el torneo: era con la regla del blanco predominante que el All England Club sostenía desde el siglo XIX.
La mezcla era nylon y algodón para transpirar, con forro interior de licra para reducir la fricción y cintura elástica con cordón ajustable. Ingeniería disfrazada de provocación.
En 1992 ganó Wimbledon, su primer Grand Slam, de blanco absoluto y con los cortes y los materiales de Challenge Court intactos. El código no lo expulsó: lo absorbió.